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botar

Yo tenía toda la intensión de desprenderme y de botar ciertas cosas. Primero mis peluches, cuarenta de ellos se fueron, los menos importantes. Todos van de regalo a mis primos chicos. Se va uno, se va otro, pero aquellos no se fueron. Digamos que fue porque son más grandes y bonitos. Digamos que es por eso.

La ropa que ya no se usa, también se va. Se van poleras, pantalones, no, este no se va, ahora me volvió a gustar así que se queda.

Llega el turno de botar papeles. Se botan cuadernos, agendas sin usar, agendas con uso, los libros se quedan, los lápices también se fueron ¿Para qué quería un lápiz de palo de 7 cm?. A la basura. Llego al final del montón y ahí estaban. Siempre supe que estaban ahí, el primer impulso fue botarlas, las dejé en un rincón. Aparece otra y otra y otra, algunas en sobres, algunas eran simples hojas con un par de palabras. Pero no pude botarlas, no pude y no tengo excusa.

Así de difícil soy, tengo miedo de no poder superar ciertas cosas... o todas las cosas, me quedo ahí, las guardo, las doy vueltas, las miro, las miro y las dejo ahí, no puedo desechar las cosas. No puedo desechar mi pasado, no puedo desechar lo que pasó ayer, lo que pasó contigo, lo que me hirió. Y tengo todas las ganas, tantas ganas de ser feliz, de superar de sonreír de verdad y no puedo.
Ojalá fuera tan fácil como tener un basurero cerca y botar.

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