Ir al contenido principal

Mía por siempre

Yo sabía que este día llegaría, aunque no lo quisiéramos. Fue el día más triste. Nunca te había visto así, sabía que algo andaba mal. No quería pensar que ese sería el día en que me dejarías.

Gatita mía, yo no quería que te fueras, yo no quería dejarte ir porque eras parte de mí. Las dos, tantos años.

Hace días que estabas así, no pensé que fuera algo grave. Ese día comiste, hasta me mascaste el dedo ¿recuerdas? Estabas acostada en mi cama, en la almohada, tranquila… estabas rara. Me fui y volví horas después.. te ví ahí en el pasillo como desmayada, no reaccionabas. Tenías los ojitos abierto, pero no me mirabas, no podías sostenerte. Ahí supe que ese día había llegado. Lo sabía.

Te tomé en brazos despacito, te puse en mi pecho y te abrigué. Las dos, largo rato. Llorando.

Verte así, tan frágil, tus ojos ausentes, no estabas ahí. Llegó mi papá y le dije: se está muriendo!.

Pasaron las horas y me dije que quizás debíamos luchar, te hablaba al oído y te decía: vamos Buvi! Tú puedes! Vamos, vamos!!!

Te dí remedios, agua.. y nada. Te abrazaba, te acariciaba, en la espalda, en las patitas… estabas tan fría. Te acurrucaba como siempre, a ti te gustaba.

Llegó la noche y tenía fe en que te recuperarías, al otro día en la mañana iríamos a veterinario, seguramente te inyectarían algo y volveríamos a la casa para que te recuperaras. Recé mucho, hace tiempo que no lo hacía, con qué cara le pedía a Dios que te diera fuerzas, pero tenía que hacerlo, era lo único que podía hacer. Rezaba, rezaba con fuerzas, con rabia y pena, no quería que te fueras, no quería que me dejarás.

Te acosté en mi cama sobre el chal que siempre ocupabas para dormir, te acomodé la cabecita, tus patitas, tu cola. Te miraba a los ojos, tus ojitos no brillaban, ya no eran amarillos, estaban oscuros, profundos y no me veías, sé que no me veías. Pero sí me sentías ¿cierto? ¿sentías que estaba ahí? ¿Sentías cuando tomaba tu patita?

No sabía qué hacer. Estaba cansada, no tenía ganas de moverme de tu lado. Me puse pijama y me acosté a tu lado. Puso el guatero cerca de ti para ver si te sentías mejor con eso. Siempre hacías los mismo ¿recuerdas? Yo ponía el guatero para mí y tú llegabas y te acostabas encima. Nunca me molesté por eso, me hacías feliz.

Desde la almohada te miraba, te veía respirar, lento, pero respirabas. Tenía miedo y te decía en silencio que no me dejaras, le decía a Dios que no me alejara de ti porque te amaba con mi vida. Más que cualquier cosa yo te amaba.

Empezaste a respirar más lento, pasaban segundos en que no respirabas nada y luego un gran suspiro. Cerré los ojos y sentí que te movías. Te vi y no sabía que pasaba ¡tranquila mi niña, tranquila! Te decía… no sabía qué hacer, te vi tan mal, estabas sufriendo, no había duda, estabas sufriendo. Le dijo a diosito, por favor llévate, si está sufriendo llévatela, que no sufra más. Ya cumplió su tiempo conmigo, tiene que irse.

Y de nuevo, otra vez se movía, creo que tu corazón dejó de funcionar, no respirabas. Y luego otro.. y después nada. Te quedaste mirándome. Te tomé la manito, te besé, te acaricié. Sabía que no estabas ahí, te habías ido, sólo quedaba tu cuerpo en mi cama. Donde siempre estuviste, donde siempre estarás.

Te acaricié por mucho rato, te miraba. Puso mi oído en tu pecho, siempre escuchaba tu corazón latiendo rápido… ahora no había nada, sólo silencio. Sabía que esa era la última vez que estaría tu cuerpo conmigo. Te tomé despacio, te puse en mi pecho, te abracé fuerte, quería recordarte ahí. Ya no estabas y me dolía. Tan pequeña, tan frágil, mía, mía, por siempre mía.

Te volví a poner en mi cama, no había nada más que hacer. Le dije a mi papá y fue peor. No podía dejar de llorarte, te ibas, te fuiste, no había otra opción, tenía que pasar algún día.

Mi papá trajo una cajita pequeña, te tomé lentamente y te dejé ahí, apoyé tu cabecita en la caja, arreglé tus patitas, tu cola. Te veías tranquila a pesar de todo. Mi papá te llevó.

Sabía que este día a ser terrible, pero no me imaginé que sería tanto así.

Hoy te enterraron. No quise ir a mirar. Sólo era tu cuerpo, tú ya no estabas aquí. Estás en el cielo de los gatos, ahí estás, divirtiéndote con los demás. ¿eres feliz cierto? Yo trataré de ser feliz también, ese es el trato. Yo sé que sigues conmigo. Por mientras sufro, pero se pasará. Luego te recordaré con alegría, pero por el momento debo llorarte, no puedo más que llorarte.

Te extrañaré cada noche. Extrañaré que me amases la cabeza, que me beses y me abraces. Extrañaré que me pidas comida mientras como. Que te subas a la mesa, que me tapes los libros mientras leo. Extrañaré todo, por siempre te extrañaré.

Estuvimos juntas mientras duró. Las dos, no nos separamos y no nos separaremos.

Te amo Buvi, mi gatita, por siempre mía. Te amo con mi vida… estas lágrimas son por ti.

Comentarios

  1. la primera gatita que tengamos cuando vivamos juntos, se llamará buvy....en honor a la gatita mas hermosa de todas.............................muy bellas tus palabras mi amor, en verdad me emociono mucho....

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

A mi me perdieron

  Vengo de un pueblo donde todavía se desfila para fiestas patrias. Mi hermano mayor tenía su primer desfile. Para los no provincianos, esa es la fecha perfecta para acumular fotos. Mi mamá acompañaría a mi hermano. Ya saben, arreglar la corbata, comprarle algo si le daba hambre y lo más importante: estar atenta al término del desfile para llevarse a mi hermano antes de que se perdiera entre la gente. Con tanto que hacer, yo no podía ser parte de ese tremendo caos. Mi papá debía hacerse cargo de mí, al parecer, era la primera vez que debía hacerlo. Recuerdo a mi papá peinándome. Yo andaba con un vestido azul con puntitos blancos, pantys de lana y zapatos a tono.   Creo que esos dos “cachitos” en mi pelo tomaron más del doble del tiempo normal. Hizo uno, hizo el otro, deshizo el primero, los enderezaba. Hasta que estuve lista. Debo haberme visto hermosa. Al llegar al desfile, sólo recuerdo haber visto: traseros. Muchos traseros y espaldas de la multitud. No veía nada del ...

para esos días terribles

Esto lo encontré en un blog, me gustaron los consejos para superar un mal día... aquí van: Saca las fuerzas de flaqueza de tu interior: Todos los seres humanos tenemos un espíritu intrínseco de sobrevivencia. Algo que nos hace sacar energías y principalmente ánimo desde nuestras entrañas y nos permite sentirnos mejor. Habla con un extraño: En un bar, gimnasio, en la parada de autobús, el taxista, un psicólogo alguien a quien le puedas contar todas tus desgracias de este maldito día y que no te juzgara porque no te conoce. Eso si que ayuda, desahogarse es la clave. Mira a tu alrededor: Ayuda a alguien y verás como cambia tu perspectiva. ¡Ayúdate a ti mismo! Por ejemplo, llena tu tina de agua tibia, échale sales aromáticas y relájate. Arrienda una película: Obviamente debería ser una comedia jocosa, de esas que te hacen reís sin dejarte respirar. Aléjate de la cocina: Si cada vez que tienes un mal día te vas directo al refrigerador en busca de chocolates, pastel, comida china o lo q...

se terminó

Y al parecer, ya di la última explicación importante. Obvio que contarle a mi papá por mensaje de facebook no era lo ideal. Pero ya ha pasado mucho tiempo y dadas las circunstancias, era momento de hacerlo. Se cerró el ciclo al parecer. Sigue siendo raro todo esto. Es difícil salir de la rutina, de la costumbre y vivir así, sin nada seguro.. libre. Pero es lo que necesitaba y estoy muy segura de que era lo mejor, el tiempo dirá que sí, lo sé.